viernes, 13 de junio de 2008

Textos del lector.

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Los textos del autor que más nos haya gustado, aparecerán en el blog pasada la primera quincena de publicación de la edición impresa.

Textos del número 1:

Daniel Zapata García (22 años).


Poesías interrumpidas.
Mis versos, los de mis poesías interrumpidas
Bailaban en la penumbra, por el basto recuerdo de tus ojos.
Las fuertes bandadas de aire que desnudaban un cuerpo
No fueron sino, la hecatombe que apagó un fulgor casi ficticio.
Las estrellas eran armonía entre mis dedos
Al mirar como tonto el firmamento, y mi memoria,
Un grito que aullaba en la noche y entre las sombras
Y que rezaba: "vuelve y quédate aquí para siempre"...


No moriré aún.
Morir, no significa estar muerto,
Significa no volver a verte.
Y las sombras de un crepúsculo que asistan a mi funeral
No serán sino, bufones negros que se mofan de mi suerte.
Las gaviotas dejarán de ser versos en el aire cuando muera
Y triste es pensar que no habrá llanto más amargo en mi entierro,
Que el de estos ojos que lloran porque no saben hacer otra cosa,
Porque ya no sintonizan la belleza en tu rostro,
Porque ya muero, y un espectro me susurra
Y siento miedo, y un verso subyace en mi: roto.
Dejadme morir, pero si muero que sea en primavera.
Cuando una flor en mis manos sea suficiente motivo
Para contemplar el nacimiento de esa sonrisa
Por la que aun sigo vivo.


Se busca musa.
Hombre-poeta soltero busca musa
Unos labios que besar, una sonrisa que compartir.
Sexo sin compromiso, alma promiscua,
Grandes pechos y enormes caricias.
Hombre-poeta soltero busca mujer inspiradora,
Con quién crear poesía,
Con quien pasar las horas.
Se pagará al contado, buen sueldo, por horas,
Preguntar por el poeta que llora.
En silencio, abandonado, sin compañía
A solas.
Razón:
Darle un motivo por el que palpitar
A mi corazón.


Penumbra.
Mi angustia nunca parpadea, aunque un árbol
De ceniza
Se desplome hacia el inmerso sonido de mi sombra.
Aquella elegante sirena tiene azules los ojos
Como una sinfonía del cielo.
Eres la descendiente de la armonía celeste,
Que un tiempo habitaste en mi mente,
convirtiendo
Las fecundas lágrimas en altares erigidos al silencio.
Y frente a la amenaza de tu extinción,
Tuve que ensayar sucesivas metamorfosis
( Pues antes fui espectro encinto de llanto
sucumbiendo a orillas de un sueño hecho eco,
y quietud).
Donde los vientos grabaron monótonas líneas
Hasta encontrar por fin una forma que casi reunió
Tu naturaleza, tan azul, tan pura...
Aquellos poetas de la locura de un verso imposible,
Arcángeles de los placeres, de los sentidos y el sentimiento,
Lo cambiaron todo por ser dioses, por llenarte de adjetivos.
Por la melancolía y la húmeda belleza de una cintura
Sobre la cual logré tenderme como un mar que acaricia el día.

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